Profesorado satisfecho e insatisfecho

Una de las primeras cosas que me gusta saber de un compañero o compañera docente es qué grado de satisfacción siente por su trabajo. Porque creo que la educación necesita un cambio. Profundo. Y sólo de la insatisfacción puede llegar el cambio.

No digo que no tenga nada que hablar con la gente satisfecha. ¡Me parece bien que lo estén! Suele ser gente que entiende su trabajo como algo bien orientado desde hace muchos años y que no necesita ser reconducido hacia otros derroteros para lograr nuevas metas. No tengo ni el más mínimo problema con eso, te lo aseguro. Suele ser gente que ven las tIC como un complemento a las clases que les proporcionan esa sensación de cierta plenitud.

Pero lo que a mí me pasa es que hace mucho que dejé de estar satisfecho con mis aulas. Porque me di cuenta de que una buena clase de 1988 (que, a pesar de ser novato ya tenía yo mi puntito, jejeje) no era buena en 1990. O no con otra gente en otro sitio. Y me convertí en un docente satisfactoriamente insatisfecho. Renuncié a tener una metodología para tener muchas metodologías. Y convertí mi trabajo en un proceso de investigación para intentar encontrar de qué manera podía atender a todo el alumnado tan personalizadamente como fuera posible. Y con tanta utilidad como pudiera. Y es que creo que una buena medida de la satisfacción o insatisfacción por nuestra labor docente debería ser cuánto conocimiento del que pusimos en juego un año sigue vigente en el alumnado al siguiente, y al siguiente, y al siguiente…

Y veo las tIC como algo que lo cambia todo… No, no son un complemento. No para mí.

No, definitivamente, no soy un docente satisfecho. Estoy en búsqueda y así voy a seguir mucho tiempo. Porque, entre otras cosas, los resultados de mis aulas van cada vez mejor y yo me siento suficientemente feliz como para no necesitar fuentes de felicidad externas a la educación que compensen sinsabores en la enseñanza. No, no. Esas fuentes las tengo “per se”, no porque precise compensar.

Así las cosas, sólo me veo trabajando con docentes también insatisfechos, como yo.

Eso no quiere decir que me caigan mal aquellos y aquellas que sí lo están. ¡Ni hablar! Muchos de mis amigos pertenecen a ese grupo. Mi mejor amíga, por ejemplo. 🙂 Podemos hablar de educación, claro, pero sabiendo que no estamos mirando con los mismos ojos, lo cual hace muy complicado el entendimiento mutuo… Pero, sobre todo, podemos seguir compartiendo afectos y sonrisas. Y cañas…

Lo único que no termino de entender es porque los docentes que se confiesan satisfechos se quejan tanto y reivindican casi todo (yo también reivindico y me quejo, claro, pero no es mi tema principal cuando hablo de educación). Y por qué los que nos declaramos insatisfechos sonreímos tanto cuando hablamos de educación…

Un misterio para mí, oye…

7 Replies to “Profesorado satisfecho e insatisfecho”

  1. Antonio Domingo

    Fantástico artículo José Luis. Yo me consideraba un docente ABSOLUTAMENTE SATISFECHO porque amo mi trabajo y porque me siento orgulloso de cómo mis alumn@s, año tras año, crecen en la menera que yo también crezco. Pero tu artículo, me ha dado la vuelta, me ha hecho ver que soy realmente un docente INSATIFECHO, “un cabeza inquieta” como diría mi abuela, que no cree en el apoltronamiento de curso en curso, de mes en mes o incluso de semana en semana. La vida cambia todos los días. Generamos nuevas células cada segundo.
    Mejorar para educar, es la ley del profesor insatisfecho.
    Enhorabuena, si me permites que te lo diga, por tu trabajo.

    Antonio.

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    • Imagen de perfil de José Luis Castillo ChavesJosé Luis Castillo Chaves Autor del Post

      ¡Hola Antonio Domingo!

      ¡Me alegro mucho de haber sido útil! Mi intención es, siempre, sacudir conciencias (en realidad, sacudir la mía y, de paso, alguna más que quiera). Pero sin agredir. En ese sentido, me alegro mucho porque lo que más me preocupaba de mi artículo es que el tono fuera el ajustado. Y es que a veces percibo que el profesorado satisfecho nos ve a los insatisfechos como un problema, como alguien con quien es difícil hablar. Trato de dejar claro que una cosa es la posición educativa y otra los afectos y las sonrisas. Y que el conflicto que solemos experimentar procede de que no entendemos la educación de la misma manera.

      Eso sí, dentro de un tiempo, sí tendremos que hablar de resultados. Cuando algunos años hayan asentado los enfoques. Quizá ahí pueda revivir el conflicto. O no, o para entonces todo estará tan claro que no habrá conflicto posible y se haya resuelto sola la cuestión…

      Sea como sea, muchííííísimas gracias por compartir tu tiempo conmigo una mañana de domingo. Eso, SIEMPRE, es de agradecer.

      ¡Un saludo!

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  2. Mar

    Yo soy demasiado insatisfecha por muchas razones y una de ellas es mi inseguridad.
    Me has subido un poco la autoestima aunque no dejaré de ser insatisfecha, pero quizás un poquito menos exigente conmigo misma.
    Saludos compañero

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    • Imagen de perfil de José Luis Castillo ChavesJosé Luis Castillo Chaves Autor del Post

      ¡Hola Mar!

      Jajajajajaja…. A mí no puedes engañarme, jejeje… Recuerda que te he visto en acción! Sé que eres insatisfecha por vocación, no por capacidad. Y no, no dejes de serlo. Fíjate a dónde nos está llevando tu insatisfacción, qué lejos…

      Un besazo chica. Me encanta que hayas compartido conmigo un ratito de esta mañana de domingo… 🙂

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  4. Carlos

    Otra vuelta de tuerca, jeje, el modelo de desequilibrio como generador del cambio me gusta y tienes toda la razón en decir que no podemos estar satisfechos con lo bien que nos ha salido un año y no cambiar nada el siguiente, el alumnado, la sociedad y nosotros mismos no somos estáticos, uno de los atractivos de nuestro trabajo es precisamente ese, cada curso es diferente y tenemos que enfocarlo de la mejor manera para generar esos procesos de aprendizaje.
    Me apunto al carro de los insatisfechos.

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    • Imagen de perfil de José Luis Castillo ChavesJosé Luis Castillo Chaves Autor del Post

      ¡Hola Carlos!

      Lo primero, pedir disculpas. No sé cómo pero se me quedó el comentario sin darle entrada varios días… ¡Sorry! Creía que lo había pinchado bien, pero debí equivocarme.

      Y sí, sí, creo que el modelo clásico es capaz de fagocitar mucho para no cambiar. Añadir tensión, dar nuevas vueltas de tuerca, es necesario. Me alegro de que andemos en este carro un buen puñado de gente. Y me apena cuando la gente se declara completamente satisfecha.

      ¡Un saludo, compañero! 😀

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