Para seguir el ritmo de las estaciones

Seguir el ritmo de las estaciones ha sido uno de los objetivos principales del ser humano. Sobre todo desde que vivimos en lugares donde la diferencia entre los cuatro cuartos del año se notan. Seguir el ritmo de las estaciones parmitió a nuestros antepasados anticiparse e ir al encuentro de las migraciones de grandes herbívoros, llegar a tiempo a un lugar para recolectar los frutos, sembrar (cuando se descubrió la agricultura) en el momento en el que la probabilidad de sacar la cosecha adelante era mayor.

Eso no ocurre así en el África de donde es originaria nuestra especie (en las regiones tropicales y ecuatoriales es mayor la diferencia entre día y noche que entre un día promedio de verano y otro de invierno, en lo que a temperatura se refiere). Nos hicimos estacionales al salir de África.

Para seguir el ritmo de las estaciones hemos inventado el calendario. Lo único que hacía falta era encontrar algo que fuera bien visible y se repitiera cada cierto tiempo. El primer calendario debió construirse en épocas neolíticas a partir de las fases de la Luna (lo que obligó, por cierto, a inventar los primeros números, para saber cuántas lunas quedaban hasta la siembra).

Sin embargo, hay un problema. Las estaciones, nuestro objetivo, tienen que ver con la traslación de la Tierra alrededor del Sol. Y los calendarios más fáciles eran lunares. Ambas cosas, el año sidéreo (tiempo que tarda la Tierra en dar la vuelta alrededor del Sol) y la suma de meses sinódicos (meses lunares; al final te comentaré), no coincidían. Porque un mes sinódico dura 29,53 días, más o menos (los hay de más y los hay de menos; ya te digo, al final te comento). Hubo que aprender a contar más allá de 12. Hubo que aprender a contar hasta 365. Y eso porque los días se ajustan mejor al año que las lunas. Con esto, el ser humano se hace astrónomo y matemático. Por ser agricultor.

El primer año de 360 días (casi 365) con 12 meses es sumerio y data de hace 4.400 años. o dividieron en 12 por ser un número muy sencillo de dividir. El número 10 sólo se puede dividir por 2 y 5; el número 12 se puede dividir por 2, 3, 4, 6. Por esa razón dividieron los egipcios el día en 24 horas (12 para el día, 12 para la noche) y los babilonios la hora en 60 minutos (60 se puede dividir por 2, 3, 4, 5, 6, 10, 12, 15, 20, 30).

Pero no funcionó del todo el calendario sumerio. Y convivió con muchos otros calendarios de muchos otros pueblos. Todavía los hay. Pero el año internacional actual es heredero del calendario juliano, instaurado por Julio César, y que pretende resolver el problema de que la Tierra esté en el mismo punto de su órbita (o lo que se percibía entonces, que el día dure lo mismo) en el mismo día de un año tras otro. Y el problema surge porque los años duran 365 días y pico. Si sólo contáramos 365 días, al final, el día de la siembra no estaría la Tierra en el mismo sitio respecto al Sol año tras año. Habría una pequeña diferencia. Pequeña al principio. Acumulada después. Ese pico es de casi 6 horas. Así, Julio César instituyó el año que conocemos como calendario juliano: doce meses de 30 ó 31 días, salvo febrero, con 29, al que se añadía un día cada cuatro años para corregir ese pico: el año bisiesto.

Pero tampoco funciona del todo. Porque el pico es de casi seis horas. Casi. No exactamente seis horas: 5 horas y 49 minutos. El calendario juliano atrasa 1 minutos cada año respecto al movimiento de la Tierra. Así, hubo que hacer una reforma para instaurar, en 1582, el calendario gregoriano. Para entonces, el equinoccio, que en el año 325 se situaba el día 21 de marzo, estaba ya en el 11 de marzo. Diez días de desfase. Había que arreglarlo. Y se hizo el ajuste. Consistió en quitar un día bisiesto cada 100 años pero respetarlo cada 400 años. Y se movieron de golpe 10 días hacia delante.
¿Con esto es suficiente? Hasta dentro de 2.000 años sí. Hay una pequeña diferencia todavía entre el calendario gregoriano y el año real. De 26 segundos. Ya te digo, dentro de 2.000 años, que lo arregle otro.

Ah!!!! Se me olvidaba. Lo del mes sinódico. Es fácil. La verdad es que la Luna gira respecto a la Tierra en 28 días. Pero mientras gira, la Tierra se ha movido respecto al Sol. Así, el aspecto de la Luna no es el mismo cuando ha dado una vuelta completa. Tiene que avanzar un poquito más para que le dé el Sol de la misma forma. Si la Tierra estuviera quieta y le llegara la luz siempre del mismo sitio esto no pasaría.

Mes sinódico

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