Para empezar #emociónyeducación, presentarme a mi alumnado

Creo que una buena manera de empezar a gestionar las emociones en el aula es presentarme. Y, si el alumnado quiere, pedirle una presentación. Personal, privada, la suya; personal, pero pública, la mía. Aunque algunas cosas que lea de ellas y ellos seguro que les animaré a que las compartan.

La mía intentará hablar de cómo veo mi relación con ellas y ellos. Se ha inspirado en el trabajo publicado por Kyle Redford… Quiero que sea algo como así, y que funcione como un contrato emocional:

“Hola, mi nombre es José Luis Castillo y te voy a dar clase este curso. Me gusta pasármelo bien y, si puedo, me gustaría ayudar a que tú también te lo pases así. Te comento algunas cosas que pueden servirte para saber qué hago en clase y cómo pienso mientras hago:

  1. Cada cual aprende de modos diferentes en tiempos distintos. Eso no nos hace mejores ni peores. Eso nos hace personales. Habrá respeto para todos los modos de aprender y todos los ritmos.
  2. No entiendo por qué hay que memorizar cosas sin comprender su significado. No entiendo por qué lo hacéis cuando lo hacéis (bueno… a la gente de 2ºBachillerato sí la entiendo). Preferiría que no actuarais así porque no lleva a ninguna parte. Sé que aprender realmente lleva tiempo. Comprender exige descubrir nuevas ideas y conectarlas con otras y eso no es fácil. Se puede disimular, se puede maquillar con memorieta el aprendizaje para que, sin serlo, lo parezca. Pero eso no aporta nada real. Solo la ilusión de que se hizo o ganó algo que realmente no se hizo o ganó. Y lo sabes  😛 Así que todo mi trabajo se centrará en que el aprendizaje sea real, no maquillaje.
  3. A veces el aprendizaje tiene mal aspecto. Porque no se saben hacer las cosas bien aún. Cuando estés aprendiendo, no me preocuparé de que tu aprendizaje parezca bonito. Me preocuparé de que te lleve a alguna parte. Y ya lo haremos quedar bonito al final.
  4. Los exámenes son una manera de mirar que tenemos el profesorado. Pero ni es la única ni es la mejor. Puede ocurrir que sepas mucho de algo pero algún examen te haya salido mal. No te preocupes. Me gustaría que si crees que conoces algo pero yo no lo he visto, me lo hagas saber. Con tus propias evidencias, a tu propia manera. Si crees que conoces algo y yo no he sabido o podido valorarlo, o ese día no te salió bien, pero sí que lo conoces, cuéntamelo. Y te diré si estoy de acuerdo o no.
  5. Cuando yo era alumno me daba mucha rabia cuando el profesorado trataba mejor a unos por sacar mejores notas y peor a otros por suspender. Para tratar contigo me dará igual que suspendas o que apruebes, porque eres una persona y me tienes a tu disposición para aprender, o para lo que te pueda aportar, en los tiempos que compartamos en clase.
  6. En ocasiones me entran prisas. Quiero hacer muchas cosas y quiero que hagas muchas más tú. Y me impaciento. Si te entra agobio, dímelo. Seguro que más gente estará así en la clase y te agradecerán que me lo hagas saber. Y yo también. Eso sí, tendré que verificar que no es pereza, sino realmente por agobio… 😉
  7. Procuraré no gritar individualmente a ninguna persona. Regañaré, claro. Cuando sea necesario. Y lo será, seguro. Pero será en tono pausado. Firme, pero tranquilo. Te haré saber qué quiero y qué no quiero, por el bien de la clase, que servirá de referente para cualquier comportamiento. Si te levanto la voz, estará mal y tendré que pedir disculpas. Eso sí, a veces tendré que alzarla para dirigirme al grupo. No creas que estoy enfadado si lo hago. Es solo que sois mucha gente. De todas formas, trataré de que sean pocas veces. Alguna técnica buscaré para reducirlas al mínimo.
  8. Quiero tener en cuenta tus emociones. Las que traigas a clase y las que te surjan en clase. No es lo mismo un día que otro. A lo mejor mañana tu mente está llena de curiosidad y pasado es un día triste y no te puedes concentrar. Te ofreceré una manera para que, si quieres, me puedas hacer saber tus emociones cada día. Sobre todo, no te sientas culpable por ninguna de ellas. Son las que son y estás en una edad en la que cambian fácil y rápido, sin control a veces. Tú dímelas, si quieres y puedes, por el mecanismo que pongamos en marcha, y serán tenidas en cuenta. Te lo prometo.
  9. Me gustaría dejarte claro que hay un límite rotundo. Ese límite es el respeto a la demás gente. Hay que estar siempre dentro de ese límite, o volver a él si nos desviamos. Mi papel será ayudar a que seamos todas y todos encargados de eso. Porque no será aceptable ni sufrir daño ni hacerlo. Ni profesorado ni alumnado.
  10. Me gustaría, si quieres, que muestres esta presentación a tu familia. Y que así me vayan conociendo y, si quieren, vayamos abriendo canales de comunicación. Para empezar, en Telegram (lo siento, odio whatsapp) se me puede localizar como jlcastilloch.

Si quieres traerme una presentación sobre ti, me gustará leerla con atención. Y podemos compartirla o no con el grupo, tú decides. Ahora o más adelante, cuando quieras. ¡Gracias!”

Si se te ocurren ideas sobre cómo hacer mejor esta presentación que quiero darles, dime, dime, por favor. Coméntame. Aquí, en twitter, en facebook… Donde quieras, pero ayúdame con tu comentario.

Edición del lunes 14 de septiembre: gracias a María del Mar Gil Cruces por sus buenas orientaciones, que han enriquecido y organizado mejor este texto, orientándolo más a dar protagonismo al alumnado.

Deja un comentario si lo deseas. ¡Y gracias por leer! :)