Oceános más cálidos y huracanes más fuertes

En 2004 cuatro huracanes descomunales. La temporada de 2005 batió todos los récords. Venía 2006 y el temor era grande. Pero súbita calma. ¿Qué pasa? ¿Hay o no hay influencia del cambio climático sobre el número y fuerza de huracanes? ¿Hace o no hace invierno una tormenta? ¿Qué está pasando?

En el número de septiembre de Investigación y Ciencia lo cuenta Kevin E. Trenberth.

Lo primero, qué es un huracán. O un tifón, que es lo mismo. Pero en distinto sitio (huracanes en el Atlántico, tifones en el Pacífico, ciclones en el Índico; cuestión de idiomas). Bueno, no es difícil. Una tormenta tropical con vientos de más de 119 Km/h. Ya sólo queda qué es una tormenta tropical, y por qué se acelera tanto.

El sol pega con fuerza en los trópicos. En verano pega vertical. Con tanta que a veces incendia las copas de los árboles. Imagínate cuánta agua evapora del mar. Imagínate el calor tan enorme que se lleva el vapor de agua. Y cuando llueve, todo ese calor que el sol le ha metido, al volver a líquido, lo suelta (calor latente). A alguna parte irá el calor, ¿no? Al aire. Y ahora se calienta y sube. Y se convierte en un succionador de más aire y más agua, creador de olas.
Pero si fuera sólo por eso tendríamos huracanes a cada momento. No, se necesita más. Se necesitan varias condiciones coincidentes (fuerte contraste de temperaturas, mar a más de 26ºC, vientos de igual velocidad en altura y en superficie, una zona concreta de baja presión y otras). No basta con que estén algunas. Entonces se forma un huracán. Por eso no se forman tantos.

Hay una región en la que se suelen dar las condiciones. Es cerca de las islas de Cabo Verde, frente a la costa de África.

75% de probabilidad de que la temporada de huracanes sea inferior a la media
Fuente: NOAA continues to predict above-normal hurricane season

¿Por qué ha habido más? ¿Era normal? ¿Qué cabe esperar? ¿Más y más fuertes? ¿Quién caerá después de Nueva Orleans?

Los océanos no están siempre en el mismo estado. Las corrientes suben y bajan de posición. A veces van por una posición más al norte, a veces más al sur. Y los vientos suelen asociarse a las corrientes marinas. Eso pasa en el Atlántico. Y también en el Pacífico. De hecho, en el Pacífico tiene nombre: El Niño. Bueno, pues en el Atlántico se llama oscilación decenal porque la posición de las corrientes tarda en cambiar del todo varias décadas. Esas corrientes, cuando cambian, pueden hacer que un área del mar sea más fría o más caliente. De hecho, habían mantenido la costa norte africana más fría de la cuenta hasta principios de los años noventa. Pero eso empezó a cambiar. Por tanto, con agua más caliente habría más huracanes.

Pero no bastaba. Los ordenadores decían que no bastaba, que faltaba algo. Faltábamos nosotros. El calentamiento global provocado por los humanos ha añadido su mijita de calor a la superficie del mar. 0,6ºC. No parece mucho, verdad? Pero suficiente para sumar 15-25 Km/h al viento de una tormenta tropical. Suficiente para fabricar un huracán más. Suficiente para que ese huracán lleve casi un 10% más de lluvia. Diez gotas de cada cien no parece mucho. Suficientes para inundar lo que antes no se inundaba. Suficiente para que Nueva Orleans sea hoy una ciudad con muchos menos habitantes.

Pero para lo que ocurrió en 2005 y 2006 no bastaba. Faltaba todavía algo más. El Niño. Sí ese cambio de corrientes que se da en el Pacífico. Los cambios de corrientes en el Pacífico sucedieron de un modo especial. Coincidieron con los cambios del Atlántico. Así, los vientos fueron bastante iguales en un sitio y en otro. Una incubadora de huracanes, vamos. Eso calentó el agua mucho. 2005 fue un año terrible. Luego todo cambió. En el Pacífico cambiaron las corrientes y eso provocó fuertes vientos alisios en el Atlántico. Vientos capaces de succionar todo el calor acumulado. Así no podían formarse huracanes. El viento se llevaba el calor. 2006 fue un año tranquilo.

¿Qué nos espera? Pues años de todo tipo. Años como 2005, graves, y como 2006, tranquilos. Pero los años malos parece que van a traer menos huracanes pero más intensos. Y menos porque un huracán intenso consume mucho calor, deja el océano más frío y hace que el siguiente tarde más.

Fuente: National Geographic

3 Replies to “Oceános más cálidos y huracanes más fuertes”

  1. LAURA

    ME PARECE QUE DEBEMOS UNIR FUERZAS PARA QUE EL CALENTAMIENTO GLOBAL NO NOS COJA VENTAJA, ADEMAS ESTO SE VA A PONER PEOR …

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  2. Imagen de perfil de José Luis Castillo

    Pues sí. Se va a poner peor. En ese sentido creo que es relevante lo que decía Iñaki Gabilondo.

    http://profeblog.es/blog/joseluis/2007/12/23/por-fin-la-palabra-sacrificio/

    Lo recogí en una entrada porque me pareció extraordinariamente claro. Cerrar los ojos repetir “es de noche, es de noche…”, cuando es de día, no logrará convertir la noche en día.

    Laura, tú lo has dicho, esto se va a poner peor. Espero que antes de mejorar. Pero eso no lo sabemos.

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  3. Pingback: Blog de José Luis Castillo » El llanto del monstruo Morakot

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