Los problemas de crear comunidad educativa

Iba el otro día hacia mi IES, andando, con la sensación de que nos sentíamos muy satisfechos de haber descubierto hacia dónde queríamos ir (hablo en plural porque desde que soy deudor de mucha gente en las redes sociales tengo difícil hablar en singular). Habíamos divisado la llegada pero se nos olvidaba lo difícil que era la ruta. Y que no estaba garantizado el éxito. De verdad que tengo la sensación de que habíamos confundido la meta con el camino. Yo, al menos, sí tuve esa falsa sensación un tiempo.

Poco, la verdad. Porque entonces entré en clase.

Educared 2.0Verás, resulta que tuve la enorme satisfacción y honor de que el Equipo de Fundación Telefónica quisiera que yo estuviera entre la gente a la que le propuso compartir una lluvia de ideas el 29 de enero de 2011 en Madrid, como cuenta Juanma en una de sus completísimas crónicas no oficiales. Nos acogieron en una maravillosa sala de la sede de Fundación Telefónica. ¡Qué torpe soy que no me llevé cámara y ahora tengo que conformarme con la memoria para recordar que la retirada de la niebla iba mostrando una vista preciosa de la ciudad.

Una niebla que me recordaba que, quizá, en la cuestión educativa, conforme subes a la altura de las ideas compartidas, divisas cada vez más campo. Pero para llegar a alguno de esos lugares hay que bajar a la calle y andar. No es lo mismo verlo que alcanzarlo. No es lo mismo proponerse el reto que conseguirlo.

Esa fue una de las cosas que más me interesó de lo que nos contaba allí José de la Peña, Director de Educación y Conocimiento en Red en la Fundación Telefónica. De una forma que atrapa, la verdad. Para mí es la persona de las cuatro “p”: pausa, pasión, profundidad y… ¡Peña, claro…! 🙂 (yo no me lo perdería en twitter: @sandopen).

ComunidadEse sábado fueron saliendo muchísimas palabras. A mí, sobre todo, me interesaban los verbos (tú ya sabes, la parte de la frase que denota acción, jejeje). Y compartir fue, probablemente, el que más apareció. Como verbo y como valor.  En la escuela 2.0 puede que sea uno de los núcleos. Y es bonito. 🙂

Pero compartir no es algo que se haga automáticamente, que surja de mera voluntad. Ni de lejos. Compartir requiere una comunidad con la que hacerlo, unos hábitos, unos incentivos. Y estamos a años luz de distancia aún. El alumnado no es una comunidad, carecen de hábitos, no hay incentivos. Y, sinceramente, aunque estemos contentos por pensar de otra manera, creo que aún no hemos hecho sino rascar la superficie. Me parece que andamos a años-luz.

¿Que no hay distancia? Espera y te cuento…

Lo ves en seguida, cuando le pides al alumnado que elija sus propias preguntas de evaluación. Ahí queda claro todo lo que se ha hecho hasta el momento con ellos. Porque tratarán de imitar el modelo que han aprendido. Y las preguntas que elijen lo dejan claro: aquellas que les permiten repetir datos sin razonar en torno a ellos. Es decir: podemos contar misa sobre lo que estamos haciendo, que la realidad es que el alumnado se ha quedado con el modelo de escuchar-repetir, ajustándose a un referente. Nos ha desnudado a todo el profesorado. Llevan años aprendiendo ese modelo, digamos lo que digamos, contemos lo que contemos. Y no estamos sabiendo salir de ahí todavía, no de una forma colectiva (sí con impulsos individuales).

También ves en seguida que hay un largo camino por recorrer (con sus barrancos, sus ríos, sus piedras y hoyos) cuando te das cuenta de que la comunidad que pretendes crear no es voluntaria, sino que es obligatoria. Como la ESO. Es agradable ver que hay alumnado que entra en esa comunidad porque quiere y le gusta, pero ¿qué ocurre con el que se niega? Una manera de resolverlo es con autoridad. Es la manera que yo estoy usando, pero no me convence (en realidad @Chelucana y @NicolasaQM me han convencido de que no me convence). La autoridad es una salida rápida a una situación grrave (no quiero que ningún alumno o alumna se quede fuera). Pero no transforma. Es mero maquillaje. O en el mejor de los casos, es una solución provisional. ¡Pero resulta que me he dado cuenta de que no sé hacerlo de otra manera…! Sí, sí, soy un profesor necesitado, que precisa de la ayuda de otras y otros… Y también con ganas de ayudar a otras y otros. Hay ríos que me cuesta superar y otros que sé cómo vadearlos…

Barranco y ríoVolviendo a lo de la comunidad educativa… ¿Y si encima queremos que en esa comunidad estén las familias? Una comunidad de ese tipo requiere gestión, dinamización, orientación. ¡Requiere tiempo, no se hace sola! ¿Existe reconocimiento administrativo de ese tiempo? Ni existe ni los responsables tienen la menor idea de que deba existir. Por otro lado, ¿es el docente el único que puede gestionar, dinamizar, orientar, si se abre a las familias? Muchos interrogantes abiertos (lo cual es bonito, es signo de que no hemos llegado aún…).

¿Y los incentivos a compartir? ¿Castigamos el “copia y pega” sin plantearnos si es posible convertirlo en algo bueno? ¿No es “¡Cállate!” lo primero que se dice en una clase cuando un alumno o alumna hablan (yo el primero), apagando así la comunicación? ¡Si ni siquiera tenemos un sitio institucional donde hacer aparecer nuestras programaciones…! (y no sé si hay alguna persona en la Administración, con capacidad de decisión, que entienda que debe haberlo).

Nos hemos creído sólo la “t” y la “I” de las tIC, pero… ¿Y la “C”? ¿Y la comunicación? ¿Y otras “C”?

Nos queda mucho por hacer. Muchísimo. Pero estamos en camino. Y creo que en el bueno. Crear comunidades en la educación, hacer de la comunicación su eje, convertir la evaluación en una herramienta de orientación y no de calificación. Tratar de compensar las desigualdades, tratar de que nadie se quede fuera. Con las tIC como la principal, pero no única, herramienta. Y con software que nos haga libres.

A todo esto… ¿Qué pasó con la niebla? Pues nada, lo que le pasa a todas las nieblas, que dejó paso al sol. Y al acabar volvimos cada cual a nuestro sitio con ganas de andar hasta que lleguemos o reventemos (espero que sea lo primero pero no descartes lo segundo). Menos mal que ese camino no lo hacemos solos. Para mí, la gente del equipo de Fundación Telefónica es buena compañía.

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