La píldora de la juventud (masculina)

El deseo de vivir es tan fuerte que nos mata. Al menos a los que toman fármacos buscando ese efecto y no tienen en cuenta posibles consecuencias secundarias. Resulta que la testosterona, una hormona masculina, está siendo tomada por miles de varones en EEUU con el deseo de mantener el vigor juvenil, la masa muscular, la capacidad deportiva y la capacidad en otras … ¡ejem! … actividades (ya puedes suponer).

El problema surge de la sospecha de que incrementa el riesgo de padecer cáncer de próstata e infarto de miocardio. Como en todo tema que sufra un déficit informativo respecto a riesgos y beneficios, se debería aplicar el principio de precaución, aunque cada cual es libre de hacer con su testosterona lo que desee, siempre que no afecte a otros. El problema es que el laboratorio que produzca testosterona tendrá que comercializarlo para ganar dinero, que es su objetivo. Y supongo que ganar dinero es más fácil con publicidad. Ahí es donde el estado juega su papel. Cualquier consumidor debe estar bien informado respecto a riesgos ciertos y beneficios ciertos, pero también sobre las incertidumbres. Lo cual suele estar reñido con una buena cuenta de resultados.

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