La distancia al equilibrio y los rendimientos decrecientes, en verde

Una iniciativa de Irreductible ha sido la de escribir hoy las entradas en temática ambiental. En verde decía él, y yo me lo he tomado al pie de la letra (por cierto, si queréis ver algo que merece la pena, pasaos por el blog de Carlos Lobato; genial. Y por donde Manuel Cardeñosa, de donde tomo prestada la imagen y el enlace del final de este post, que creo que es lo que importa de verdad).

Dejar el CO2

Y creo que está bien la conversación que he oído esta mañana. Empieza por la queja de dos personas mayores sobre las concejalías y la política y veremos donde termina.

Decían que “hay que ver”, que “antes no era así”. Y llevaban razón. Decían que hay muchos concejales en los ayuntamientos, que antes se resolvía todo mejor, más rápido. Pero antes no vivíamos así. Antes teníamos menos lujo, pero también menos comodidades, menos seguridad. Ahora contamos con más servicios, con más bienes. Con más complejidad. Y, la complejidad, siempre, requiere gestión. Desviar recursos hacia la gestión. Es inevitable.

El que algo quiere, algo le cuesta. Y creo que viene bien una reflexión acerca de los costes del querer.

Vamos a ello.

Vivir en el equilibrio no es posible, no es vivir. Vivir es hacer un trabajo, y eso requiere mantener unas condiciones distintas a las del equilibrio. Sin diferencia no hay energía, sin energía no hay cambio. Vivir es almacenar energía y usarlas para producir cambios. Vivir es crear diferencias. Vivir es ser distinto a las condiciones de equilibrio.

El problema está en decidir “a cuánta distancia de equilibrio” hay que vivir. Muy cerca del equilibrio es cómodo. No hay que invertir mucha energía en separarte de él. Pero tiene el problema de que, como estás cerca, como no hay gran diferencia, no almacenas mucha energía. O sea, no puedes producir muchos cambios. Porque no tienes demasiada energía. No cuesta mucho pero no puedes hacer gran cosa. Una vida sencilla pero en la que no se puede obtener una alta seguridad, con pocas comodidades y casi ningún lujo.

Cuanto más te alejas del equilibrio, más puedes hacer, porque más energía has acumulado. Pero más te cuesta quedarte ahí. Y no sólo más energía gastas, sino que más residuos produces. Porque para vivir lejos del equilibrio hay que gastar energía, lo cual produce basurilla de diversas clases (calor, residuos químicos, etc.). Que hay que expulsar. Tienes más seguridad, muchas comodidades y bastantes lujos, pero a costa de gastar más y de producir bastante “basurilla”.

Alejarse del equlibrio lleva gastos, por lo que parte de la energía que debería ir dedicada a necesidad, a comodidad y a lujo, termina yendo a mantenernos lejos. Es energía gastada que depende de la distancia al equilibrio, no de qué quieras obtener. Es como un árbol, que tiene muchas hojas, en las cuales produce, mediante la fotosíntesis, mucha comida. Pero que gasta mucha comida en mantenerse. Porque es muy grande. Gasta tanto en mantenerse, que no puede crecer más.

A eso le llamamos “Ley de los rendimientos decrecientes“. Para lograr algo tienes que gastar. Para lograr más, tienes que gastar mucho más. Y para lograr mucho más, tienes que gastar muchíííísimo más. Pasar de 2 a 3 es fácil (dos cifras elegidas al azar). Pasar de 108 a 109 (otras dos cifras elegidas al azar) es muy caro. Porque 2 está más cerca del equilibrio que 108. Cuanto más lejos estás, más gastas para cada cosa. Sobrevivir en el 2 cuesta poco. Sobrevivir en el 108 es muy caro. Y no te cuento sobrevivir en el 1.017 (otra cifra elegida al azar que representa que estás lejísimos del equilibrio).

Entonces, hay que decidir qué es lo correcto. Encontrar el punto justo, para lograr lo que queremos sin desperdiciar. En principio, tenemos tres razones para alejarnos del equilibrio, para almacenar energía:

  • Necesidad de seguridad y supervivencia
  • Comodidad
  • Lujo

La de necesidad, la de seguridad y supervivencia, es obvia. Esa, siempre, es una buena razón para almacenar energía. Y para contaminar lo que se necesite. La vida amenazada, o la integridad, son buen motivo para incidir en el medio ambiente, aunque sea negativamente.

La de comodidad, se puede discutir. La comodidad consistiría en no esforzarse mucho en lograr seguridad y supervivencia, en obtenerlas de una manera fácil, que me deje libre tiempo y energía para otras cosas.

La razón de lujo es, inicialmente, rechazable. Se trata de generar “basurilla” para obtener cosas satisfactorias pero perfectamente prescindibles.

El problema estriba en que no son situaciones fáciles de discernir, de identificar. ¿Tener muchos concejales es un lujo o es una necesidad? ¿Vivir con cada cosa que tenemos? Mira a tu alrededor y decide cuánto es lujo. No es fácil. ¿Es la información lujo? ¿Es un lujo compartir ideas, conectarse? ¿Es internet un lujo? ¿Son todas las comodidades criticables? ¿Cómo se controla que algo imprescindible para la supervivencia, comida p.ej., evite convertirse en lujo?

Tenemos dilemas claros, diáfanos, pero de difícil resolución. Agravados por el desacompasamiento. Me explico. Por el hecho de que no toda la población mundial está al mismo nivel. Lo que yo considero una comodidad, en un país del África subsahariana se puede considerar un lujo. Y también agravado por la posibilidad de que esto sea un juego de suma cero. Quiero decir, que esto de vivir sea un juego en el que, para que unos ganen, otros deban perder.

Consumir está bien. Nos aleja del equilibrio, hace que la vida merezca la pena. Consumir por consumir es despreciable. Nos aleja del equilibrio para nada, por capricho, obligándonos a gastar y a generar “basurilla”, residuos.

Para vivir más verde, tendremos que decidir cómo queremos vivir, cuántos podemos vivir así y qué precio vamos a pagar. A cuánta distancia del equlibrio está bien, a qué debemos renunciar y a qué no. Cuántos residuos vamos a producir y dónde los soltaremos.

Y estamos tardando mucho en tomar esas decisiones, dejando que, en muchos casos, sean los mercados los que lo hagan. Lo cual tiene su riesgo, porque el objetivo del mercado es maximizar el número de bienes y servicios producidos en función de la disponibilidad económica, reflejada en la cantidad de dinero. Lo cual está muy bien, si el dinero fuera buen reflejo de qué queremos. Pero en el dinero está mezclada la necesidad, la comodidad y el lujo. No hay tres dineros, hay uno solo.

Como no estamos tomando buenas decisiones, por eso esto lo escribo en rojo.

No sé yo si los que se quejan de tanto concejal tienen razón o se quejarían más si perdieran el transporte público gratuito, la asistencia a la piscina a menor precio que los demás, la asistencia a domicilio en caso de urgencia, la pensión… No sé si las concejalías y los servicios van unidos. O no.

Requiere reflexión y frases con matices. No todo es obvio.

El mundo ha cambiado. Es un lugar más alejado del equilibrio, con más seguridad y supervivencia, pero en el que las decisiones tienen más consecuencias.

El mundo que tenemos hoy es un lugar que obliga a pensar mucho y con mucha calma. Si queremos ser verdes. Si queremos sobrevivir. Todos.

5 Replies to “La distancia al equilibrio y los rendimientos decrecientes, en verde”

  1. Irreductible

    Impresionante… La verdad es que tengo que reconocer que siento envidia malvada y maligna por tus alumnos… jajaja…

    Asistir a una de tus clases debe ser increible… Lástima que, seguramente, la mayoría no lo aprecien hasta dentro de muchos años…

    Gracias por apuntarte a la iniciativa.

    Un saludo 🙂

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  2. senovilla

    Una gran forma de ver la Sociedad del Bienestar o la Sociedad en la decadencia social.
    El ser humano es egoista y primero priman sus prioridades, después la de los demás, será dífícil que esto cambie.

    Un gran post y me alegro de pasar por aquí.

    Saludos

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  3. Imagen de perfil de José Luis Castillo

    Montón de gracias a todos. Ya no sé qué decir, pero es muy bueno recibir retornos. Aviso que también serán muy bienvenidas las críticas. No os cortéis cuando penséis que algo es mejorable. Para mimarme ya tengo gente. De vosotros espero, también, mucha caña. Lo consideraré una muestra de amistad muy grande.

    Abrazos gordos para todos los que perdéis tiempo conmigo. Eso, sabiendo lo caro que está el minuto, me encanta. Espero seros útil.

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