Hace mucho tiempo

Esto lo leí hace años, muchos años. Es del número de agosto de 1992 de Investigación y Ciencia. Va sobre desarrollo sostenible. Me lo contó Robert Repetto. Te dejo la tarea de opinar si hemos evolucionado al respecto. Así que no pongo ningún enlace. Más adelante, si hace falta.

Decía más o menos esto.

La tala de los bosques, la erosión del suelo, la contaminación de acuíferos, la caza y la pesca hasta la extinción no significan para ningún país una merma oficial de la renta. El empobrecimiento se toma por progreso en el sistema de contabilidad nacional.

El sistema de contabilidad nacional refleja el modelo keynesiano: los grandes capítulos son ahorro, consumo e inversión. Bajo este esquema, no se asigna ningún valor a las alteraciones en las reservas de los recursos naturales. En la época en que se desarrolló, la escasez de los mismos no era una preocupación inmediata si se la comparaba con las consecuencias de las depresiones que seguían a las expansiones en los ciclos económicos. Pero hoy, si a los bienes ambientales no se les sabe reconocer como bienes económicos, todo análisis falseará las opciones políticas a las que se enfrentan los estados. El sesgo consiste en que se confunden empobrecimiento en bienes ambientales y generación automática de renta, sin que dicha pérdida quede reflejada en lugar alguno. P.ej., si un agricultor tala un bosque para obtener dinero para unas vacaciones, su contabilidad personal dirá que es más pobre; pero la contabilidad nacional afirmará que ha crecido su renta. El pensamiento de Malthus y Marx sobre los recursos y la población, que ha caído en el olvido durante mucho tiempo, es actualidad.

Los economistas clásicos consideraban la renta como el rendimiento de tres tipos de bienes: recursos naturales, recursos humanos y capital invertido. Los neoclásicos eliminaron prácticamente de su modelo los recursos naturales, centrándose en los otros. Una demostración de ello es que el mercado no refleja precios para los bienes ambientales.

La consideración de los bienes naturales es la de “regalo de la naturaleza”, por lo que no hay que amortizar costos de inversión. Sin embargo, esta situación resulta equivocada. Del mismo modo que una máquina ve depreciado su valor por simple uso y desgaste, los recursos naturales lo hacen por la misma razón, puesto que sólo con una inversión mayor se pueden obtener los mismos rendimientos.

Estas teorías son las que se han estado aplicando al Tercer Mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Como la mano de obra ha resultado siempre excedentaria y barata en estos países, basta con invertir capital.

Un país como Costa Rica, que durante los últimos 20 años ha sufrido una pérdida devastadora en sus recursos naturales, ha tenido problemas económicos a inicio de los 80; el FMI le hizo un diagnóstico de endeudamiento, tratando su crisis con recetas monetaristas, obviando toda intervención sobre la degradación del medio. El resultado no ha podido ser más desalentador. En 1989 se destruyeron más de 3,2 x 106 m3 de maderas comerciales, valorados en 400 millones de dólares. La erosión supuso pérdidas del 17% para la agricultura y del 14% para la ganadería. En resumen, más del 50% de los pagos por su deuda externa. Y todo ello en un sólo año. El empobrecimiento de agricultores y ganaderos llevó a una intensificación de las actividades pesqueras al incorporarse más familias a este sector. El resultado, que el nivel de ingresos de los pescadores ha sido menor que los subsidios de indigencia que da el gobierno. Y de todo ello, la contabilidad refleja los efectos, pero no las causas, por lo que el problema sigue sin ser abordado correctamente.

El de Costa Rica no es el único caso: también Filipinas e Indonesia son experiencias paralelas aunque no tan llamativas. Aún.

Como consecuencia positiva, en México, El Salvador, Bolivia, Brasil, Chile, Filipinas, Indonesia China, Malasia y la India, se ha tomado nota de la experiencia costarricense en las políticas forestales y agropecuarias; mientras, en Noruega, Canadá, Australia, Francia, Alemania, Holanda y EE.UU, los economistas buscan sistemas de salvar el problema.

El resultado de la política seguida hasta el momento es una peligrosas asimetría en el tratamiento asignado las fuentes de renta. Es evidente que no se pueden utilizar las reservas de capital sin reponerlas; pero no se piensa lo mismo respecto a los bienes ambientales. Luego su pérdida no tiene, según los modelos neoclásicos, porqué disminuir la productividad futura, lo cual es evidentemente falso.

La solución viene de la mano de la instauración de una política, a la que se ha dado en llamar de desarrollo sostenible (o viable). En su definición, se afirma que: desarrollo sostenible (o viable) es aquel que cubre las necesidades de la generación actual sin sacrificar el bienestar de las futuras. Este concepto implica un cambio en la definición de renta, que abarca no sólo a los beneficios actuales sino que también reconoce la alteración de posiciones en los activos: si se tala un bosque, hay que anotar una pérdida y una ganancia, no sólo un incremento de renta.

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