¿Evaluación empoderadora? Tú dirás…

Relevo
Fuente: ZyncroBlog

Desde ya te digo que “empoderadora” no es una palabra que me guste. Ni poco ni mucho. Suena mal. Pero eso no significa que no me guste su significado. ¿Sinceramente? Lo adoro. Darle a alguien lo que necesita para actuar y las ganas de emplearlo. O al menos, así lo entiendo yo. Es exactamente lo que necesito con un sector de mi alumnado, que no avanza, que no ha logrado mejorar. Y que es el que más me ocupa y me preocupa. Porque el que avanza va a una velocidad grande, aprendiendo mucho. Y abriendo mucha brecha.

Te cuento…

¿Para qué evaluamos? ¿Porque lo dice la ley? ¿Porque hay que poner notas? Sinceramente, me gustaría saber cómo sería la evaluación si la calificación no fuera obligatoria. Así que me voy a olvidar de la calificación. Ya solucionaré ese problema de algún modo. Y voy a plantearme para qué quiero evaluar.

Quiero evaluar para saber qué tengo que hacer cada día. Eso es empoderador para mí. Y eso implica que quiero evaluar permanentemente. Es el modo de contar con una guía que haga mi trabajo más eficiente. Y no para mí, no. Para mi alumnado. Para detectar sus necesidades respecto al currículum.

Pero también necesito que el alumnado se dé cuenta de su situación en cada momento. Y que tome mejores decisiones respecto a lo que tiene que hacer para cumplir sus expectativas personales y profesionales. También para que, el conocer el camino que le queda y el que ha recorrido le sea motivador, le lleve a actuar, no a paralizarse.

Y quiero evaluar para que las familias sepan en todo momento cómo están actuando sus hijos e hijas y puedan tomar decisiones acerca de cómo contribuir.

Así que quiero una evaluación que conlleve acción, no notas, no calificaciones. Al final te diré lo que pienso de las notas…

Por tanto, la evaluación debería ser permanente, muy transparente y una de las principales actividades del aula. No dirigida a calificar, sino a empoderar. Y a empoderar sosteniblemente al ir incluyendo al alumnado y a sus familias en ella.

Por tanto, exámenes al final de un tema… No, no cumplen con ninguno de los requisitos que busco. Quedan descartados por tanto. Ya llevo algunos años fuera de la dinámica tema-examen, tema-examen… Pero no es solo que la abandoné. Es que no pienso volver a ella nunca más. La hacía solamente porque era lo único que conocía cuando entré en la educación. Y porque funcionaba bien para poner notas. Pero hace tiempo que eso dejó de ser interesante para mí. ¿Empodera un examen al final, cuando ya no hay nada que arreglar, cuando no hay margen de maniobra? ¿Y sirve de algo una nota, una calificación numérica de 0 a 10, que contiene muy pocos bits de información?

Portfolio
Fuente: Mailing Factory Blog

Para empoderar no puedo evaluar solo productos, sino procesos. Eso sí, puedo utilizar los productos intermedios, conforme se están haciendo. En ese sentido el blog personal del alumnado, como portafolio, me es útil. Aunque, desde luego, generar tiempos para leer todos los post de todo el alumnado y con puntualidad es un problema que aún no tengo resuelto… Y que no tengo la más mínima idea de cómo voy a resolver… Pero que yo no sepa cómo hacerlo no debe impedir que estén ahí, a la vista de sus compañeros y de sus familias. Quizás por ahí debería ir la evaluación, por implicar a más agentes…

¿Y los exámenes? ¿Quedan descartados? Noooooo… Lo que queda descartado es hacerlos y corregirlos como se hacen habitualmente. Lo que queda descartada es la visión clásica del examen.

Por eso cambié el modo en el que sucedía la evaluación. Por un lado decidí tomar notas de todas las situaciones anómalas de aula que requiriesen una intervención (aunque me está costando trabajo mantener el hábito, llevarlo a cabo de forma constante). Por otro decidí elaborar dos tipos de exámenes distintos: uno, preguntas competenciales generadas por el propio alumnado, que responde un día por sorpresa; y dos, situaciones creadas por mí que se responden usando la información acumulada en el blog portafolio propio o de cualquier compañero o compañera.

Te pongo ejemplos reales.

Del primer tipo, para responder al elemento curricular “Relaciones entre energía y vida cotidiana” y para “El sonido como onda en los medios materiales”

  • ¿Qué problemas podemos tener si no dormimos las horas suficientes?
  • ¿Qué problemas y soluciones energéticas acarrea el uso de ordenadores?
  • ¿Qué pasa si no nos alimentamos suficientemente? ¿Por qué hay que comer a diario varias veces?
  • ¿Escuchar música con cascos es más o menos perjudicial que hacerlo con altavoces?
  • ¿Por qué nos comunicamos emitiendo sonido y no luz?

Estas son preguntas generadas por el alumnado que va más o menos bien, competencialmente bien. Preguntas y criterios de evaluación, que también los deben aportar (aunque casi nadie los elabora, aún).

Del segundo tipo, la situación la creo yo. Y el alumnado responde con lo que se le ocurre. Tratando de relacionar los contenidos que han visto con esa situación y argumentando la relación.

“Hoy ha llovido, pero no demasiado. Sin embargo Cabo de Gata estaba espectacularmente verde. Es increíble como las plantas aprovechan cualquier oportunidad. ¿Lloverá mañana? Dicen los mapas del tiempo que sí. Así que me vuelvo a casa, que tengo tanta hambre como las plantas sed”

“Estoy desayunando un café con leche y media tostada de aceite, tomate y jamón (media porque tampoco hay que abusar, que viene el verano). Y es que estoy fundido. Llega la hora de pagar y volver al trabajo y me doy cuenta de que lo que he hecho es cambiar empleo por dinero; y dinero por café y comida para poder seguir trabajando. Me pregunto si las cosas podrían ser de otra forma.”

¿Ejemplos de respuestas? El papel de la energía en los sistemas materiales, consumo y ahorro energético, la luz como radiación (para crear el pan y el café), relaciones tróficas, componentes de los ecosistemas, calor temperatura y su interpretación molecular….

Resultados de esta evaluación: hay un problema.

¿Que hay un problema con una evaluación tan chula, tan participativa? Pues gordo, muy gordo. Que tampoco es empoderadora para todos. Sí para alguna gente. Es que el alumnado que lo hace bien, lo hace muy bien. Y cada vez mejor. Y el alumnado que lo hace mal lo hace cada vez peor. Cada vez se distancia más. Exponer al alumnado a lo competencial, sin más, no sirve. Hay que guiarlo. Pero lo justo. Guiar al alumnado con dificultades competenciales es una medicina que se ha de dar en dosis justas y mínimas. Precisamente son poco competenciales porque se han acostumbrado a ser guiados, creo… Guiarlo para empoderarlo, no para que conteste bien. Guiarlo como apoyo, no como instrucción.

Participación
Fuente: IU Dos Hermanas

Así que he decidido introducir un tercer tipo de evaluación y hacerla la protagonista. La evaluación validadora. Y corregir el ejercicio de un modo determinado. Con un enfoque activo. Un enfoque en el que la consecuencia de un error no sea una mala nota o un castigo, sino una acción empoderadora, capaz de cerrar brechas…

Las preguntas de este tipo de ejercicios no tienen que ser competenciales. Pueden ser ejercicios sencillos, que evidencien la adquisición de una información. Cuya misión es meramente validar el proceso para los que lo están recorriendo bien, sin más trauma, sin más exigencia adicional. Y que lleve a actuar a la gente que no está en la línea de adquirir información, o que la adquieren mecánicamente, sin evidenciar su uso, sin convertirla en conocimiento.

¿Te pongo un ejemplo de corrección empoderadora? Se hace un examen sorpresa. Se le dedica unos 20-30 minutos a efectuarlo, recordando que todas las respuestas deben llevar una imagen (hemos dejado clara la diferencia entre garabato y dibujo y llegado a la conclusión de que necesitamos garabatos, no dibujos). Durante ese tiempo también hablamos, nos reímos (nos reímos mucho), se pone música (de algo tenía que servir ese juguetito caro llamado pizarra digital). Y se corrige inmediatamente la primera pregunta para toda la clase (eso lleva unos 10-15 minutos). Si da tiempo, también la segunda. La gente que evidencia algún problema recibe una propuesta de acción inmediata, para el próximo día (una pregunta por día, eso sí, despacito). Nunca una nota. O también se escucha qué propuesta de acción le gustaría para mejorar. Y esa acción se ve al día siguiente, se muestra a todos sus compañeros. Y también se corrige otra pregunta y se propone otra acción. Así con todas.

En el fondo todo es muy sencillo. Es convertir eso que llamamos ejercicios de clase en exámenes. Y usarlos para lo que sirven: para ayudar a aprender. ¿Y los exámenes clásicos? Si no sirven, ¿para qué hacerlos?

¿Qué hace el alumnado que va desarrollando su camino? Pues eso… Desarrollarlo. Continuar buscando información relevante, continuar convirtiéndola en conocimiento al aplicarla a situaciones concretas, que signifiquen un problema o requieran una decisión, continuar contándolo a través de su portafolio personal. Y despreocuparse de los exámenes…

¿Cuál es la acción que mejor está funcionando? Pues escribir. Pero no escribir para reproducir información, no. Escribir toda una cara de un folio sobre una cuestión pequeñita. En la que la información ocupe poco. Quizá el primer párrafo, tal vez el segundo. Pero cuando hay que escribir toda una cara de un folio hay que tirar de creatividad, hay que pensar… Y buscar alguna imagen relevante que acompañe lo que se quiere contar. O mejor, hacer un garabato y explicarlo… (hay que ver lo que se ríen con la idea de garabato).

Eso sí, hay que evidenciar que hubo redacción. No valen atajos. Si alguien no es capaz de escribir como escribió, es que hubo mala copia. Si alguien no es capaz de entender las palabras que ha usado es que hubo mala copia. Si alguien no es capaz de decir por qué eligió esa imagen es que hubo mala copia. Se admite la copia, claro que sí, pero solo la empoderadora, la que nos lleva al lugar hacia donde queremos ir, para satisfacer nuestras expectativas personales y profesionales. La mala copia no nos lleva allí.

¿Es escribir la única acción que pretendo? Pues no, pero ahora mismo es la que más puede ayudar, creo. Espero que con la colaboración de la compañera de Lengua, que se ha manifestado interesada. 🙂

Los criterios

Y no se me olvida. Los criterios son curriculares, claro. Pero también han de ser participativos. Y, además, deben ser previos a cualquier evaluación. ¿La verdad? Los he trabajado poco, muy poco. Todavía… Me comprometo a dar más cancha a esta idea y a contártela.

Para acabar…

Bueno…

No lo he sabido contar más breve, lo siento…

Ah! Sí… Se me olvidaba… La calificación… Pues si el profesorado se puede inventar las preguntas de un examen para obtener calificaciones más o menos razonables (ajustadas a la distribución normal), y evitar que el número de suspensos le cree problemas, yo también puedo ser creativo, ¿no? Especialmente cuando me ocupo de que las preguntas sean absolutamente reales, diagnosticadoras de la situación…

Agradecimientos

Sin duda, a todo twitter. Pero especialmente a @mjrubia, que me hace ver, constantemente, que la educación puede servir para muchas cosas. Para reunir pero también para segmentar. Que si no tenemos cuidado, las brechas perviven, aumentan, se fijan como definitivas. A @cesarbernal por hacerme ver con claridad que la evaluación es cosa de más agentes, no solo de los docentes. A @ftsaez con su insistencia en la apuesta por los criterios de evaluación y lo que me aclara lo que cuenta sobre eso. A @anibaldelatorre por confirmarme la importancia de lo no textual, que me va a llevar a darle más relevancia de la que le estaba concediendo. Mi alumnado tiene mucho que agradeceros. 🙂

2 Replies to “¿Evaluación empoderadora? Tú dirás…”

  1. Mónica Perete

    Me has dejado con la boca abierta. Eres capaz de cambiar radicalmente la concepción habitual de una clase, de una evaluación. Y de admitir sin tapujos los fallos que consideras tener, los aspectos que aún debes trabajar.
    El problema del tiempo, al que aludes, para mí es fundamental. Quizá por mis circunstancias personales, pero es lo que a mí me paraliza, lo que, de momento, me hace seguir con la monotonía y la mediocridad de una clase “corriente”, que en absoluto me satisface. También, claro, el miedo a lo desconocido, a la inseguridad de un sistema de trabajo con el que no estoy familiarizada, porque no lo he usado, ni lo he visto nunca utilizar.
    Lo cierto es que esperar a tener el tiempo necesario para poner en marcha otro tipo de actividades en el aula… puede suponer llegar antes a la jubilación! 🙂 ¿No será también la excusa perfecta para no tener que enfrentarme a lo desconocido? No sabría ni por dónde empezar a cambiar las cosas! De momento, sigo leyendo cosas, a ratos, y aprendiendo de ti y de otras personas que os implicáis en la educación de una forma admirable.
    Un saludo

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  2. Paco Raga

    Enhorabuena por tu artículo! Cada día somos más los que nos damos cuenta que uno de los aspectos que menos ha cambiado es la evaluación. Te dejo dos reflexiones a propósito de qué passa con esos alumnos que no avanzan en la adquisición de competencias y el asunto de las calificaciones. Ya me dirás que te parece. Un saludo!

    http://unbloceducat.wordpress.com/2011/06/08/per-una-intervencio-educativa-que-potencie-el-goig-daprendre/

    http://unbloceducat.wordpress.com/2011/04/11/la-distorsio-de-farish-idees-per-al-debat-necessari-sobre-les-eines-davaluacio/

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