Epidemia de obesidad y alimentación infantil

En “La obesidad es la maldición del éxito humano” te contaba varias cosas. Te hablaba de un mecanismo molecular que nos hacía capaces de vivir tanto en épocas de abundante comida como en otras de escasez. Somos un mamífero bien adaptado a disponibilidad variable de comida. Y no me refiero al frigorífico vacío. Me refiero a auténtica hambre. Una circunstancia habitual en nuestros antepasados homínidos. Y, desgraciadamente, en una gran parte de la población mundial. De hecho, la mayor parte del tiempo, la humanidad ha pasado hambre, no saciedad. Pero hemos sobrevivido porque nuestro tejido adiposo era capaz de aprovechar las infrecuentes comilonas al máximo, almacenando energía para épocas posteriores.

Evolucion hacia la obesidad

Pero esa dotación genética, ahorradora, capaz de ayudarnos a sobrevivir, ha resultado no ser tan buena en muchos países ricos, en los que disponemos de un suministro ininterrumpido de alimentos ricos en energía a muy bajo coste. Al menos para la mayoría de esa población.

En otras palabras, un homínido hubiera alucinado ante un desayuno de café con azúcar y tostadas de mantequilla. Eso, sin saber que luego comería espaguetis, merendaría un bocadillo de atún y cenaría un cremoso yogur y fruta. Y no me he pasado, que hay menús diarios mucho más pesados. Pero no quería matar al homínido, que está bien protegido para aguantar hambre y comilonas, pero no la emoción tan fuerte de comer tanto. Un día y otro.

Esa disponibilidad tan enorme nos afecta. Y termina acortando lo que podría ser una vida más larga. Y no solo acortando, también quitando calidad de vida. Increíblemente, la comida, a largo plazo, puede matar.

En ese contexto se enmarca la investigación del equipo encabezado por Cristianne Frazier, de la Universidad de Chicago. Estudiando ratones (que no son personas, pero que pueden servir como modelo), se ha descubierto que esa capacidad genética, la  de adaptarse a tener comida o no tenerla, esa capacidad genética, es moldeable.

Se puede cambiar con la forma de comer en la infancia. Al menos, en ratones. Si, justo después del destete, a un ratón se le alimenta con una dieta rica en sacarosa (el azúcar que hay en los azucareros), ese ratón “dulce” tiende a ganar más peso de adulto. Esa alimentación infantil le predispone.

Es una pista de lo que pueden hacer las “chuches”. No es que esto sea seguro. Pero, por si acaso, padres, madres, no cedáis ante una rabieta. Merece la pena educar a los hijos respecto a la alimentación. No os canséis. Pensad que cuando se patalea por un caramelo, están actuando los genes que nos dieron la capacidad de sobrevivir en un mundo en el que ya no estamos. Es un problema, y hay que afrontarlo.

One Reply to “Epidemia de obesidad y alimentación infantil”

  1. maru

    Los cambiso en el modo de vida y en la cultura influyen mucho en la obesidad, la influencia del entorno en la obesidad es muy fuerte. En determinadas sociedades es muy comun ver personas obesas proque se acostumbran a comer comida chatarra constantemente, los tiempos cada vez son menos, la gente siempre esta apurada y come cualquier cosa en cualquier lado, y luego nunca hace ejercicio…
    lo peor es el caso de los chicos, que aprenden a vivir asi desde chicos y por lo tanto tienen una fuerte tendencia a padecer obesidad.

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