El inicio de la Tierra, de sus capas y sus nombres

La Tierra experimentó una época inicial terrible. Tan terrible que se la denomina periodo Hádico (el Hades es el infierno de la mitología griega). Durante ese tiempo la mayor parte de su material estaba fundido. Y eso por la forma en que nació.

El mecanismo que parió nuestro planeta recibe el nombre de acreción. ¿En qué consiste? En llover piedras. (técnicamente se denomina acreción). Te cuento. Resulta que cuando se formó el Sol, no todos los materiales de la nube de polvo y gas entraron a formar parte de él. Una cierta cantidad se quedó a su alrededor. Con el tiempo formarían los planetas. Cerca del Sol sólo permaneció el material más resistente a la temperatura: minerales. Inicialmente, pequeños granos. El resto, gases y polvo, fueron barridos por la fuerza del Sol (técnicamente se llama viento solar y consiste en un montón de partículas que lanza el Sol todos los días a todas horas, pero que en la época inicial de su vida era mucho más fuerte).

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Mientras tanto, la fuerza de la gravedad iba haciendo su trabajo (no sólo la fuerza de la gravedad; también la atracción electrostática y el magnetismo, pero para entendernos). Un grano grande atraía a otro. La radiación solar también colaboraba. Fundía parcialmente la superficie mineral de modo que se unían en uno solo. Y así una y otra vez hasta formar grandes granos. Pedruscos más bien. Les hemos puesto nombre. Les llamamos planetesimales. Los planetesimales también chocaron entre sí para unirse. Cuanto más grandes, a más planetesimales atraían. Poco a poco, pero sin parar, se formó un cuerpo mayor (llamado protoplaneta). Y poco a poco, pero sin parar, le llovían planetesimales. Con cada impacto se liberaba calor. Como eran muchos impactos, se liberaba mucho calor. Ese protoplaneta tenía, con tanto calor, mucho de su material fundido. Lo mismo le pasó a nuestro planeta gemelo, Venus.

¡Ahhhh! Por fin, después de tanta charla, llegamos a las capas. Cuando el material está fundido puede moverse. Es un fluido. Es un líquido. Y puede obedecer a la densidad. Así, la roca más pesada (hierro y sulfuros de hierro, níquel) se irá al interior. Y formará el núcleo. Lo más ligero (silicatos) se quedará arriba, y le llamamos manto. Entre los silicatos hay algunos todavía más ligeros (tectosilicatos; un nombre raro para decir que son pobres en hierro y magnesio y ricos en aluminio, que es un elemento muy ligero). Y esos tectosilicatos ligeros terminarán quedando por encima del manto, como la espuma de la cerveza está sobre el líquido. Y se llamará corteza.

¿He acabado? No. Porque hay materiales más ligeros todavía: líquidos y gases. ¿Pero no dijimos que alrededor del Sol no quedaban muchos gases? Sí, es cierto. Pero el calor de los impactos iba fundiendo la roca. Y creando gases. Y esos gases, al enfriarse, dando lugar a líquidos. Así, la Tierra es, sobre todo, sólida. Pero también tiene una envoltura exterior de agua (hidrosfera) y aire (atmósfera, con la mezcla de gases propia, única, de la Tierra).

A cada capa de la Tierra le llamamos geosfera. Así, hay varias geosferas.

Está claro que hay una Tierra interior sólida y una Tierra exterior fluida. ¿Le ponemos nombre a la capa sólida? Bueno, pues es más difícil de lo que parece. No le podemos llamar geosfera, porque ese nombre vale para cualquier capa, sólida o no. Le podríamos llamar litosfera, pero resulta que el término ya está cogido. Le han puesto ese nombre, litosfera, a la suma de la corteza y de parte del manto, porque se comportan igual: son rígidas. A diferencia del resto del manto, que como tiene un poquito de roca fundida se parece más a la pasta de dientes que a la roca rígida de la superficie.

¿Qué nombre le ponemos? Pues no conozco ninguno bueno. Ni geosfera ni litosfera.

Llamémosle geosferas sólidas.

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