Descartando el pensamiento mágico en la formación de las montañas

Las montañas nos han intrigado siempre. Parecían ser el punto más cercano al cielo, en una época en la que atmósfera y espacio exterior eran lo mismo, en la que las nubes compartían lugar con las estrellas y a todo lo que estaba por encima del suelo se le atribuía un valor divino (sí, ya sabes, esa manía que tenemos de responsabilizar a dioses de lo que no sabemos, incluso después de descubrir que hay mecanismos naturales con poder explicativo).

En las montañas hemos ubicado a muchos seres sobrenaturales, como el monte Olimpo en las mitologías grecorromanas. A las montañas se retiraban los sacerdotes a rezar para estar más cerca de algún dios. Allí se construían santuarios.

Arcos Torre del Diablo
Fuente: Sirio en foro Fuente: Maaxi en Taringa

A desterrar ese pensamiento mágico no nos ha ayudado la erosión o los volcanes, no… Porque las formas caprichosas que pueden adoptar los relieves a veces son algo más que llamativas… ¿Te imaginas vivir hace 4.000 años, desprovisto de todo el arsenal intelectual que te da la modernidad, y ver algo como la Torre del Diablo, o el Parque Nacional de los Arcos… ¿Qué pensarías, que ha habido unas diferencias de presión atmosférica en la superficie que han contribuido a circulación de aire y agua de tal modo que queda desgastada la roca? ¿O que ha llegado un dios gigante y ha unido dos trozos de piedra para pasar de un lado a otro? ¿O que había un árbol gigantesco y llego otro dios y lo taló para hacerse una casa lejos, muy lejos…? Yo, sinceramente, lo segundo, porque no te creas que lo primero lo entiendo bien, no…

Pero un día, gracias a Nicolás Copérnico (y a Eratóstenes) nos enteramos de que vivíamos en un planeta. De que no era lo mismo atmósfera que espacio exterior aunque usemos para ambos, indistintamente, la palabra cielo. Ese día tuvimos que intentar explicar qué pasaba con las montañas. Científicamente y con las herramientas conceptuales que había, con el pensamiento de entonces.

Arrugas
Fuente: Tectonic Plates

En aquella época sólo se conocía el calor como fuente de energía. No se sabía de la radiactividad. Y se pensó que la Tierra, al formarse, partió de una temperatura que había ido bajando con el tiempo, conforme perdía calor (como una patata que la sacas del horno). Así, al enfriarse se había contraído. Es lo que le pasa a los cuerpos que pierden temperatura, que pierden también volumen. Y de ese modo, al contraerse, se habría arrugado y levantado en algunas zonas (cordilleras). Esa era la forma de pensar en el siglo XIX.

Hoy nos causa sonrisa esa idea. Hoy sabemos que la Tierra ha perdido calor, sí, pero que todavía hay mucho dentro de ella. Porque almacena elementos radiactivos. Hoy sabemos que la Tierra es un horno encendido, no apagado. Por eso sabemos que el radio terrestre sólo se ha acortado, como mucho, unas pocas decenas de kilómetros. Es decir, que las montañas no pueden ser arrugas de un planeta que empequeñece (Kearey, Global Tectonics). También sabemos que hay zonas de la Tierra que no se contraen, sino que se expanden (dorsales oceánicas y rifts). Y también sabemos que un mundo comprimido, en contracción, enfriándose, no permitiría una tectónica de placas.

¿Eso le quita mérito a esas ideas del pasado, tan equivocadas? ¡No! Ni a esas ni a muchas otras. A pesar de estar equivocadas. Para su tiempo, y con el estado del conocimiento que había, no estaban mal, resultaban más o menos lógicas. Además, con el tiempo sirvieron para ayudar a que llegaran otras concepciones que las sustituyeran. Pero es que, incluso, contribuyeron a desterrar el pensamiento mágico de las montañas, ayudándonos a pensarlas de modos científicos. Hoy se nos puede hacer extraño ver las montañas como lugares mágicos, pero la humanidad, no hace tanto, era como las percibía.

Tú, gracias a ideas que hoy parecen tontas, como la de que la Tierra se ha contraído al enfriarse, no ves las montañas como una obra de dioses, no tienes que recurrir a pensamientos supersticiosos para explicarlas.

A ver si hay suerte y seguimos desterrando el pensamiento mágico de más lugares y más comportamientos…

Anexo

Que no quería yo liar mucho el post contando los detalles de cómo sabemos cuánto ha variado el radio de la Tierra. Pero lo conocemos bien. Resulta que hay una cosa que se llama momento de inercia y que afecta a los cuerpos que rotan sobre un eje. Y que nos puede ayudar a saber cómo era la Tierra hace millones de años. Porque el momento de inercia se conserva, no varía en ausencia de otras fuerzas.

Órbita lunar
Fuente: Wingmaker

Más o menos (y no con mucha precisión), el momento de inercia muestra la resistencia a frenarse que muestra un cuerpo que gira. Cada forma geométrica tiene su momento de inercia característico. El de una esfera homogénea (ya sé, ya sé, la Tierra no es ni esfera perfecta ni homogénea; pero resulta una aproximación suficiente a la realidad y nos ahorra cálculos mucho más complejos que no mejoran mucho el resultado…), el de una esfera homogénea, decía, es de 2/5·MR2, siendo M la masa de la Tierra y R el radio. Resulta que M no ha cambiado desde que la prototierra y la Luna chocaron. Y el momento inercial del conjunto Tierra-Luna debería haberse conservado, debería ser igual ahora que antes. Y digo del sistema Tierra-Luna porque nosotros estamos perdiendo momento y la Luna ganándolo. Es decir, que, a lo largo de los millones de años, aunque la suma entre Tierra y Luna debe dar lo mismo, lo que aporta cada cuerpo a la suma sí ha cambiado, aumentando el de la Luna (conforme se ha alejado de nosotros) y perdiéndolo la Tierra (la Luna nos lo roba).

¿Qué datos tenemos? Pues de corales fósiles sabemos que el año Devónico (hace unos 390 m.a.) tenía unos 400 días. Eso significa que la Tierra se ha frenado. Unas sencillas cuentas te mostrarán que el giro de la Tierra se ha ido frenando 20 segundos cada millón de años, pasando de días que duraban 78840 segundos (antes) a días que duran 86400 (ahora).

Y también sabemos que los meses lunares duraban unos 30,5 días, 2,5 más que ahora. ¿Se ha ido todo el frenado de la Tierra a la Luna, se lo ha llevado por completo el satélite? Resulta que no, que entero no.  Casi todo sí, pero no entero. La luna se ha llevado el 99,4-99,9% del total.

Entonces, lo que falta, ¿a qué se debe? Pues si la masa M es la misma, lo que tiene que haber cambiado es el radio R. Recuerda… 2/5·MR2. Cambio que, haciendo unos sencillos cálculos ha sido de entre 25 y 5 kilómetros. Eso suponiendo a la Tierra una esfera homogénea y perfecta, que no lo es.

Otros métodos de medida, completamente distintos (basados en latitudes y longitudes respecto a paleopolos magnéticos…; ¡un rollo hasta para mí…!), dan cifras reducidas, también. Y casi concordantes con la anterior.

O sea, que nuestro planeta no ha engordado o adelgazado con los años. Apenas, al menos… A diferencia de otros, jejeje…

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