Del mecanicismo determinista al “no entiendo nada”

El determinismo mecanicista, en el que todo sucede por una causa inicial, y todo es previsible conocida dicha causa, deja paso a otro mundo, el de la probabilidad. Es un cambio protagonizado por la termodinámica, y especialmente la Segunda Ley, que se apodera de nuestras vidas. El suceso individual, en un momento y lugar dado, pasa a obedecer a la probabilidad. Nada se puede predecir con exactitud. Todo evento no prohibido por las leyes de la física puede suceder en algún momento y lugar. Pero el desorden, la degradación, es la tendencia de la naturaleza. Y son orden, acumulación de energía potencial e información las que requieren ser explicadas. El mundo pasa a ser indeterminista y caótico. La realidad última es el movimiento caótico de los átomos.

En el mundo termodinámico nada de la sociedad humana puede durar para siempre y su destino es desaparecer tarde o temprano.

Junto a la termodinámica, la física cuántica también pasa a dominar el panorama científico. En ella el foco pasa de los objetos a los procesos, transformaciones y transiciones. Influidas por el contexto en el que suceden. El indeterminismo y la probabilidad se asientan. El vacío fluctúa sin causa. El vacío no está vacío, sino que se trata de energía inestable, que aparece y desaparece, y se concreta, un instante, como partículas efímeras, para volver a no haber nada. El espacio y el tiempo son factores que ayudan a la experiencia humana, pero prescindibles para explicar el Universo. Además, pasan de ser conceptos fijos a conceptos variables. El espacio y el tiempo percibidos por un observador no tienen igual valor para otro observador en diferente situación energética. Y también aparecen una serie de límites en el Universo, como la imposibilidad de superar la velocidad de la luz o la de conocer simultáneamente una serie de factores que describen un fenómeno. Y junto a los límites aparecen preguntas aún sin respuesta. Como la de que las partículas pueden existir como funciones de onda en múltiples lugares a la vez (entrelazamiento), aunque solo pueden ser percibidas como partículas en un solo sitio a la vez (colapso de la función de onda). O que el observador es el que crea la información que interpretamos como partícula con todas sus propiedades, expresión de la función de onda, en el momento de la observación. O como que la función de onda conecta todas sus manifestaciones pasadas y futuras como partícula. O como de qué están hechos materia, espacio, tiempo y otros componentes del Universo de los que no teníamos noticia (materia oscura, energía oscura) pese a que constituyen la mayoría del Universo. De este. Porque se puede considerar la existencia de infinitos otros Universos.

¡Uf…!

Es un mundo extraño, alejado de la intuición, el que emerge de la mecánica cuántica. Y, a pesar de esa rareza, es uno de los modelos más comprobados de la ciencia. Revela, más bien, que nuestro cerebro primate no está adaptado a comprender estos fenómenos. Habrá cosas del mundo que nunca sepamos. Y otras que, aunque las sepamos, no las entenderemos. Después de todo, ¿por qué el mundo tendría que ser comprensible? Hoy consideramos la ciencia como una situación temporal: la mejor descripción de la realidad posible, con algún poder explicativo y predictivo, a la espera de otra mejor.

Pero también puede que el mundo no sea así y que la ciencia, más que describirlo, se ocupa de nuestra percepción del mundo, no de su naturaleza verdadera. O que sea cierto que la información sobre la realidad externa no exista sin el observador. Es un mundo en el que controlar lo que sucede (tecnología) es relevante aunque no se comprenda por qué sucede (ciencia). En el que la sobreabundancia de datos sustituye a la falta de ellos y se requieren filtros (algoritmos) para interpretarlos y seleccionar los relevantes para un problema dado en un momento y lugar concretos. En el que las soluciones se reconocen obsoletas al poco de implementarse, por el flujo de la realidad.

Y sin embargo, el mundo determinista existe. En el día a día. Porque es un caso particular de características más profundas y amplias del Universo. Existe, solo que es muy insuficiente. Existe, solo que no lo explica todo. Existe y vale para nuestra vida cotidiana, pero no para todo el Universo. No es verdad, pero funciona. Es un apaño majo ese del mundo determinista.

Solo que nuestro cerebro se ha expandido más allá del determinismo. Ha llegado a comprender su valor y su insuficiencia.

No está mal para un cerebro primate, que evolucionó para localizar recursos dispersos en un territorio amplio, y compartirlos con la tribu. No, no, nada mal…

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