Cuatro formas de indignarse por la acción de un psicópata

Hay personas que, por la razón que sea, andan por la vida sin empatía, con actitudes de psicópata, disfrutando del daño que hacen. Personas que se ceban en los más débiles. Puede que tengan su historia personal que les haya llevado ahí. O puede que solo sean imbéciles. Sea como sea, psicópata es lo único que se me ocurre decir de alguien capaz de hacer un bocadillo de mierda (literalmente pan y mierda) y dejarlo cerca de donde duerme gente sin techo.

Me lo imagino retorciéndose de risa, encantado de haberse conocido, pensando en la cara de la víctima de su ¿broma? Pero a mí, lo que me hace retorcerme es la indignación. Y me indigno de cuatro formas.

  1. La primera indignación, que exista gente así. Que forme parte de la condición humana joder al prójimo y disfrutar con eso.
  2. La segunda indignación, que fuera policía. Alguien que ha prometido proteger y servir. Alguien que tiene deberes extraordinarios por la sencilla razón de que tiene poderes extraordinarios. El nivel ético exigible a un policía tiene que ser altísimo.
  3. La tercera indignación, que un país permita que su mecanismo de entrada en la policía esté tan averiado que sea frecuente que pase eso. Y no solo eso, sino cosas más graves. Como la muerte de casi 4.000 personas a manos de la policía en menos de dos años. Un nivel de muertos civiles similar al de cualquier país asolado por el terrorismo. Si un policía, individuo, tiene deberes extraordinarios, la Administración de un país tiene que ser muchísimo más exigente consigo misma. Porque parte de la noticia es que ha sido denunciado por sus propios compañeros (¡qué menos!) y eso se valora como algo poco frecuente.
  4.  La cuarta indignación es que no es un país cualquiera. Es Estados Unidos. El autoproclamado referente mundial de la libertad y la democracia. El país al que, desde hace 80 años imita toda Europa, importando su “way of life“. Con lo bueno que tiene, pero también con sus averías. Y es que lo que allí sucede puede llegar aquí en tiempos muy cortos.

Esa acción rompe con todos mis principios: libertad (si una persona se anima a comer un bocadillo abandonado en la calle, y puede caer en la trampa, es que carece de lo básico para ser libre), igualdad (una persona abusa de su posición dominante), fraternidad (ni te explico por qué se rompe…), compasión (tampoco…), dignidad (este menos…) y aceptación (no se ha molestado en dimitir, lo han tenido que echar, no asume las consecuencias de su maldad y ha tratado de ocultarla).

Esta semana usaré en tutoría este caso para trabajar emociones y valores asociados al acoso. Espero que ninguna persona del alumnado encuentre graciosa esta situación… Especialmente porque es frecuente encontrar en las clases quienes afirman querer ser policías.

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