Cuando ya no eres innovador, sino parte de un equipo

Esta mañana he participado en una reunión en mi IES. Era la reunión soñada durante mucho tiempo. Una reunión en la que he hablado poco y escuchado mucho. Algo más de una decena de docentes hablando de cómo organizar un proyecto. Aún no te lo puedo contar, lo siento 😉  Pero te puedo avanzar que se inicia con identificar un problema, al que el alumnado debe ofrecer una posible solución parcial, la cual tendrá que comunicar usando datos y atendiendo a las emociones de quien reciba el mensaje. Y, mientras hace todo eso, reflexionar sobre qué están aprendiendo sobre sí mismos y sobre la sociedad en la que viven. Casi nada…

Pero no era eso a lo que estaba prestando más atención en ese momento. En realidad estaba más centrado en mis sentimientos. Y el principal era la alegría. Porque ya no soy un innovador que va por ahí, en avanzadilla, explorando.

Ahora soy miembro de un equipo.

He disfrutado en toda esta etapa solitaria. He disfrutado hasta con los fracasos y lo malo, por lo mucho que me hacía aprender. He disfrutado siendo distinto y siendo llamado a sitios para contar en qué era distinto y por qué. Y seguro que seguiría disfrutando si siguiera en esa línea, porque yo nací para ser feliz de una manera o de otra, costara más o menos.

Pero ahora toca disfrutar con el nuevo rumbo, integrándome en un equipo, diluyéndome en una labor colectiva preciosa, siendo menos yo y más nosotros. Con gente espectacular que te iré presentando. Así que ya no te contaré lo que hago, sino lo que hacemos.

Y es que la vida a veces se acuerda de ti y decide ser amable…  😀

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